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Inflación y crecimiento

Valoración BUTLLETI CONJUNTURA ECONÒMICA MENORCA –  març 2022.

Texto y valoración: Joan R. SANCHEZ TUOMALA (Cercle d’Economia); Twitter: @JoanSanchez | Datos e infografías: David SERRA HIDALGO (OBSAM); Twitter: @DavidSerraH | Con el apoyo de: Es Diari Menorca

Datos económicos en: Diagnosi econòmica de Menorca

Está claro que el debate económico se centra hoy en la relación entre inflación y crecimiento. El shock del conflicto bélico en Ucrania ha venido a perfilar una escalada de precios que, en algunos insumos como la energía, ya venían apuntando tensiones inflacionistas que amenazaban las previsiones de crecimiento y recuperación tras la crisis del COVID19.

Las tensiones sobre el precio del gas y sus efectos sobre el IPC energético se vinieron apuntando ya en 2021. Como también la evolución de algunas materias primas básicas que bajo la justificación de malas cosechas (crisis climática) habían presionado al alza el IPC. Marcando hasta finales de trimestre de 2021 una clara diferencia entre el IPC general y el subyacente (que deflacta el efecto de energía y materias primas básicas).

Cabe decir aquí que la configuración de este índice IPC de evolución de precios (de una cesta amplia de bienes y servicios) está constantemente a debate. Y lo está precisamente por reconocer la naturaleza ‘financiera’ y especulativa de algunos de estos bienes y servicios. Que pueden distorsionar las comparaciones a largo plazo en los precios por movimientos coyunturales especulativos. Tómese como ejemplo el precio de la energía o las materias primas básicas (como cereales) que precisamente justificaron desglosar el índice en dos: general y subyacente.

En clave de Menorca y más allá, podemos también pensar en que la vivienda y su doble componente de bien básico y de inversión pueden esconder evoluciones de precios que
distorsionen las comparaciones en la evolución de precios y ‘paridades de poder de compra’ de las rentas familiares en uno u otro territorio.

Resulta interesante entonces saber distinguir entre los movimientos de precios estructurales y los puramente coyunturales y especulativos. Todos nos impactan en los presupuestos familiares, pero tan sólo los primeros deben guiar las decisiones económicas a nivel familiar y empresarial.

En el largo plazo deberemos seguir atentos a una energía cada vez más cara por el simple consumo y oferta limitada de los combustibles fósiles. Algo que reforzará la ya intensa
conciencia de la necesidad de tener una mejor eficiencia en el uso de la energía y sobre la capacidad de nuestra economía de tener mayor autonomía sobre la base de las energías limpias.

Una energía cara además tiene derivadas por un turismo que estrecha sus horizontes. Y por tanto encarece el paquete turístico con relación al coste de los vuelos. Y puede llegar a redefinir como relativamente más relevante al turismo de proximidad y nacional. En clave de Menorca quiere esto decir que debemos repensar nuestra posición sobre el turismo nacional y de países próximos. Y sus efectos sobre la estacionalidad de nuestra economía.

En el corto plazo debemos lidiar con las consecuencias de un menor poder de compra de nuestros sueldos. Algo evidente cuando vamos a la gasolinera o el supermercado, aunque tiendo a pensar que el efecto sobre la gasolina va a perdurar más que sobre la alimentación. Medidas paliativas y de compensación serán necesarias antes las fluctuaciones a corto plazo sobre las rentas familiares y las situaciones de pobreza (energética o alimentaria).

En el calendario más próximo, en Menorca se augura un buen ejercicio económico donde no parece que este proceso inflacionario afecte a los niveles de ocupación que se esperan muy positivos. Con la perspectiva de un trabajo y salarios asegurados, los problemas se atisban sobre los efectos para el 2023. Cuando la situación de inflación energética puede impactar más sobre los costes de las empresas, su competitividad y capacidad de mantener los puestos de trabajo.

Las sombras sobre la recuperación turística se ciernen también sobre la posibilidad que las familias dejen de disfrutar de vacaciones si sus presupuestos pierden valor adquisitivo. Aunque no se puede negar este efecto previsible, es también verdad que ya hemos vivido otras situaciones de crisis inflacionarias donde la contratación de paquetes turísticos no ha decrecido como se esperaba. Mostrando que las vacaciones y el ocio (puede que en formatos diferentes) forman parte de los presupuestos familiares como si de otros consumos básicos se tratara.

Esperemos que la paz y los acuerdos se impongan. Y que podamos superar este terrible escollo para plantarnos ante un 2023 preocupados por el bienestar de todos y la eficiencia energética de nuestra economía. Dejando atrás la locura que supone un conflicto bélico en los tiempos que corren.

Joan R. Sánchez Tuomala
Economista y consultor de empresa

 Infografia marzo 2022

 

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